Servido con las Servus. Por A.Zereceda

El día de ayer, con un sol radiante en pleno mes de Julio, Lima brillaba. Un regalo así, no viene solo. Daniela, una amiga en común que tengo con mi esposa, me trajo personalmente las ricas cervezas que su hermano y su papá están fabricando en Arequipa: esa ciudad en la que una campiña natural lucha por subsistir en contra de un montón de cemento que cada vez la encierra más. Eso que ha pasado mucho en Lima, y que lamentablemente sigue sucediendo desde hace tanto, que sus habitantes no se dan cuenta. Por eso es que me llama la atención el contraste de llegar a esa ciudad donde un pedazo de naturaleza maltratada subsiste, a pesar de todo.

Ver esa campiña en plena ciudad, como un jardín que no ha sido pisoteado por un idiota que no sabe cuidar su entorno, simplemente me pone de buen humor. Ver ese río con plantas, árboles, pasto, y algún pez desconfiando de uno que otro lagarto con el cual comparte hábitat por un segundo, es desbordante y enriquecedor. Eso no pasa en Lima, donde el río Rímac parece querer envenenarnos en venganza al maltrato que le damos. Es el karma.

No es sorpresa entonces, que casi todo lo que nos tomamos en una cerveza sea agua, que bien combinada con ingredientes de gran calidad, nos devuelven un placer fugaz. Hace años mantengo un matrimonio con la Cusqueña, pero la verdad es que después de probar la Lager que hace la familia de mi amiga, he decidido divorciarme y escapar con mi nueva amante. Es riquísima, sabrosa, pero no invasiva ni pesada. No hay punto de comparación.

Respecto a la de Trigo, y la Ale, solo diré que ambas al igual que la Lager, son cervezas frescas. La Ale tiene una complejidad dulce, y ligeramente aromática. Es buena en una media tarde fría. Rica, pero definitivamente no es mi favorita. Si mi esposa tomará cerveza, probablemente esta sería.

La de Trigo es igualmente sabrosa, fresca y bien balanceada, aunque muy diferente de la Ale. Está perfecta como aperitivo antes del almuerzo, cuando ya hueles la comida preparándose un domingo, mientras lees algo relajado.

La gran campeona de mi paladar es la Lager. No diré más porque llevo años tomando lo mismo, y probando una que otra cerveza en un romance efímero, pero ahora estoy enamorado y es lo único que importa cuando hablamos de cerveza.